La cultura de innovación y el Brazo Explorador
La cultura de innovación y el Brazo Explorador
El mayor impulso está dado en lo que llamamos “explotación”, con el foco puesto en la calidad, la eficiencia, los procesos, los resultados y la rentabilidad.

Muchas empresas todavía se manejan, en varios aspectos, según un modelo de gestión ya antiguo, y con diseños organizacionales que responden a lineamientos de las últimas 4 o 5 décadas. El mayor impulso está dado en lo que llamamos “explotación”, con el foco puesto en la calidad, la eficiencia, los procesos, los resultados y la rentabilidad.

Esa eficiencia operativa, garantiza el sostenimiento del negocio, con foco en el core y la rentabilidad presente. Pero para poder garantizar crecimiento futuro y reinvención, necesitamos de un brazo explorador. Es decir una gestión basada en competencias de adaptabilidad, apreciatividad, colaboración, curiosidad y una cultura de innovación con foco en la creatividad, experimentación, agilidad y trabajo en red.

La clave de la innovación es su sostenibilidad, y sin cultura de innovación, no hay innovación sostenible, hay innovación fortuita, azarosa, no gestionada. La cultura de innovación se construye, y esto implica desplegar una serie de metodologías, herramientas y conceptos que deben ser adoptados por todos los colaboradores de la organización, porque finalmente es la gente la que innova y no la marca en sí misma.

Este proceso puede encontrar resistencias. Puede ser por parte de la dirección, que no ve el ROI directo en la innovación. También puede tratarse de la resistencia al cambio a nivel cultural. Es fundamental gestionarla si queremos diferenciarnos para ser más competitivos. La diferenciación vendrá de la mano de la innovación, no de la calidad o de la eficiencia, de allí la necesidad de operar con ambos brazos – explotador y explorador- complementariamente y alineados por la misma visión, constituyendo un modelo “ambidiestro”, es decir con la capacidad de gestionar con igual destreza ambos procesos.

Es cierto que es el Brazo Explotador el que genera el ingreso y es el que se ocupa del core del negocio, y esa es una realidad a la que no podemos quitarle el foco. Sin embargo, el Brazo Explorador va a explorar otros nichos, otras posibilidades, tecnologías y mercados y para eso la empresa necesita gente creativa, entrenada y en continua vigilancia del entorno.

Tradicionalmente, la curva de vida de una empresa es nacer, crecer y luego empezar a declinar en un promedio que hasta hoy era de 20 años. Sin embargo todos los ciclos se han acortado, siendo el nuevo promedio de vida de una empresa de 8 años. La reinvención de esas curvas se verá nutrida precisamente por la economía de la diferencia, materializada por el brazo explorador.

Implementar un modelo de gestión ambidiestro implica un cambio cultural que debe ser acompañado con paciencia y convicción. Mientras preparamos la tierra fértil para que brote la semilla de la innovación, necesitamos sostener todo aquello que da la rentabilidad necesaria para que la empresa pueda destinar recursos a su Brazo Explorador. Entre estos recursos, uno de los más importantes es el talento y el potencial interno. Si la alta dirección elige aprovechar su potencial interno, cabe analizar las nuevas competencias, la cultura, y tener claro qué es innovación, para qué y por qué innovar, dónde y cómo. De esta manera, la estrategia de innovación va atada a los objetivos estratégicos.